lunes, febrero 23, 2009

Imagining the Congo, de Kevin C. Dunn (II)

Cuando en 1960, el 30 de Junio, el Rey Balduino concede la independencia al Congo, tres discursos se enfrentarán entre sí. El discurso belga será internamente doble. Por un lado los socialistas verán la necesidad de independizar el Congo para conservar sus intereses en la zona, mientras que los conservadores creen que la inmadurez de los congoleños les hará caer en manos del comunismo internacional. Siempre presente estará la política del “Notre Congo”, que implica una condescendencia hacia los congoleños y un derecho de actuación en lo que se consideraban asuntos internos de lo belgas. Frente este discurso colonial, Lumumba, líder congoleño, ejercerá otro bien distinto entendiendo la soberanía no como un regalo del padre belga, sino como un derecho del pueblo congolés. Lumumba dispondrá de un discurso nacionalista que hablará de explotación belga de los congoleños. Este discurso nacionalista, aceptando las fronteras delimitadas por el colonialismo, se enfrentará a las interpretaciones más regionales de otros líderes congoleños como Tshombe y Kasavuvu.

La tercera visión del conflicto residirá en los EEUU. Los norteamericanos tendrán una triple visión con respecto al congo. Un doble paternalismo, hacia los mismos congoleños, a los que debe ayudar a salir del caos, y hacia las potencias coloniales, que necesitan ser ayudadas. Otra visión de EEUU en la zona será la dicotomía de la Guerra Fría, viendo en el conflicto elementos desestabilizadores del enfrentamiento intersistémico. Por último, y quizás a consecuencia de las otras dos visiones, EEUU percibe a Lumumba como el generador del caos. La demonización de la figura de Lumumba provocará que EEUU considere eliminarlo físicamente.

La muerte de Lumumba llevará a un periodo de lucha por el poder que contribuye a la visión del Congo como caos. Frente a ella se alza en 1965 la figura de Mobutu, militar apoyado por EEUU que se hará con el poder mediante un golpe militar. Mobutu supo aprovechar muy bien las imágenes que desde el exterior se tenían del Congo. Hizo ver a EEUU que la única solución posible para el Congo era él. Mobutu era igual a estabilidad, sin él sólo habría caos. Como EEUU no tenía más que la visión de que un Congo en caos propiciaría su entrada en el bloque soviétic, y eso a pesr que la URSS había utilizado a Lumumba sólo publicitariamente, sin llegarse nunca a plantear, según Dunn, una intervención. La URSS terminó por apoyar a este militar capaz de ver comprometida su voluntad si el dinero era el suficiente.

El discurso de Mobutu fue el primer discurso surgido de la tierra congoleña en introducirse en las redes discursivas occidentales. Esto fue posible por su disposición de medios, antes no conocida por congoleño alguno. Desde su púlpito, Mobutu inició la llamada campaña de “Autenticidad”, borrando toda reseña colonial de la región. Obligando a africanizar los nombres de sus propios ciudadanos, impidiendo los nombres en francés, él mismo se cambió de Joseph Mobutu a Mobutu Sesee Seco, renombrando el río y el país, al que se pasó a denominar Zaire. Esta política tuvo mucho éxito en la naciente ideología del tercermundismo, pues era vista como un barrido con la historia colonial. Sin embargo la política de “Autenticidad” se fue transformando poco a poco en una política de culto a la personalidad de Mobutu, en el mobutismo. Emergiendo como la figura responsable de todo el orden y estableciendo una privatización del Estado zaireño, Mobutu se hizo con el control del Estado. En los discursos encaminados a las potencias occidentales, Mobutu reforzó la imagen que de él tenían los EEUU. Asegurando la estabilidad de Zaire, EEUU le consideraba el mayor aliado en la zona.

La llegada de los 90 propiciará cambios importantes en la zona. El fin de la Guerra Fría hace que EEUU pierda su interés en la zona y provoca que, en el plano internacional, sean los DDHH y no los intereses nacionales de cada país, los encargados de juzgar a los regímenes. Con los acontecimientos del genocidio de Ruanda, EEUU volverá a mostrar a Mobutu como su aliado en la zona, reforzando sus lazos y regresando a la dicotomía Mobutu o el caos. Sin embargo, otra imagen dominará la región desde mediados de los 90. Es la imagen del cáncer. Cáncer que sufría Mobutu y por el que morirá en 1997, cáncer para el Zaire que era considerado Mobutu, que será derrocado por la rebelión de Kabila, y cáncer del mobutismo zaireño para el nuevo régimen de DDHH y desarrollo en la región.

La política de la región en los 90 dejará de moverse exclusivamente por motivaciones internacionales, y pasará a una regionalización de la misma. En ella, las relaciones del régimen de Mobutu con Uganda, Burundi, Ruanda, Sudán, Angola o Zimbabwe, determinarán los apoyos de uno y otro bando. Kabila logrará movilizar a las tropas del este con el apoyo de Ruanda y Uganda, haciéndose con el control del país en poco tiempo. El discurso que Kabila ofrecerá será el de un regreso a las políticas lumumbistas, la demonización de Mobutu y el restablecimiento de la identidad congoleña. Se recuperará la bandera premobutista y se renombrará al país como República Democrática del Congo. Sin embargo, un nuevo elemento del discurso terminará por hacer más complejo el conflicto. Mobutu, antes de caer, llevó a cabo unas reformas de pretendida democratización, adaptando formalmente su régimen a los requisitos de la comunidad internacional. Se creó un Parlamento del que salió una lucha regional en Kivu. Mobutu cometió el error de crear una lucha entre diferentes etnias, y eso provocó el levantamiento de fuerzas identitarias que él no controlaba. Kabila, haciéndose fuerte en estas relaciones de identidad logró el apoyo necesario para hacerse con el poder. Sin embargo, el propio Kabila llevó una política de régimen étnico, lo que provocó su salida y su asesinato por no beneficiar a aquellas etnias apoyadas por Uganda y Ruanda.

El discurso del Nuevo Barbarismo ha vuelto a tomar los acontecimientos del Congo, como siempre se ha hecho a lo largo de la historia, como paradigma de la política africana. Según esta explicación simplista, lo africano no es susceptible de ser democratizado, de ser modernizado y, por tanto, no merece la pena actuar para con ello.

3 comentarios:

Guillermo dijo...

Supongo que toda identidad –no sólo la de un grupo o la de un país, sino también la de un individuo– se forma por una especie de amalgama de las identidades que los demás les/nos atribuyen. En esto la RDC no representa, me imagino, ninguna excepción. Ahora bien, llega un momento en todo desarrollo individual en el que el viejo dictum sartriano adquiere todo su sentido: “lo importante no es no es lo que han hecho con nosotros, sino lo que nosotros hacemos con lo que han hecho con nosotros”.

El origen de la RDC no es mucho más artificioso, creo, que el de cualquier otro país africano; tampoco, pongamos por caso, que el de Austria o Bielorrusia, donde ciertamente no intervinieron los célebres y berlineses escuadras ni cartabones. Que yo sepa tampoco España fue fruto de ningún "contrato social" celebrado amigablemente en torno a una mesa de negociaciones. Pero supongo que hay un momento en el que uno ha de abandonar los lamentos por sus orígenes más o menos bastardos para apostar con firmeza por el futuro de eso que –a pesar de todo–se ha llegado a ser. Por supuesto que siempre habrá un Leopoldo II o un Mobutu o una Castilla Imperial a la que echar la culpa de todo el sufrimiento acumulado. Pero tales demonios no deben constituirse en pretextos para perpetuar la inacción.

Si la RDC fue considerada por sus colonizadores como hembra y menor de edad, es hora de decir que los colonizadores se fueron hace ya 50 años. Si Mobutu fue un resultado de la Guerra Fría (y de los intereses de EE.UU.), es hora de decir que la Guerra Fría terminó hace ya 20 años. Si Kabila fue víctima de las luchas étnicas, es hora de decir que los congoleños (sí, los congoleños) deben luchar AHORA por evitar que esas luchas internas acaben con su propio futuro. A no ser que el malvado Kagame y sus sicarios a sueldo le impongan una nueva identidad,una vez más.

el_situacionista dijo...

Guillermo, es que los congoleños también tienen culpa de la composición de la imagen. Como nosotros tenemos de la nuestra. La identidad de cada pueblo tiene sus ventajas y desventajas.

Y eso de que "despierten" vas y se lo dices tú. A ver te creen a ti.

Guillermo dijo...

Estimado Kurtz: no creo que ni tú ni yo tengamos nada que decirle a los congoleños. Eso sería lo mismo que tratarles como a "menores de edad". Si tienen que "despertar" (por utilizar tu misma expresión) deberán despertarse ellos solos.

Quizás en mi anterior comentario he extrapolado con demasiada alegría categorías psicológicas para aplicarlas sin más a situaciones colectivas. Pero creo sinceramente que la mejor manera de "despertar" no es entregarse a una eterna instrospección acerca de la propia identidad (llena siempre de costuras y remiendos, como la de una pobre criatura del doktor Frankestein), sino simplemente actuar. Por actuar no me refiero a coger una escopeta o algo por el estilo, sino por ejemplo a permanecer en Kinshasa una vez obtenido el título de médico, y no irte a Londres; a montar una panadería en lugar de aguardar a que las ongs te pongan delante la hogaza de pan.