viernes, septiembre 17, 2010

Gente sencilla

Durante el verano de 2009 tuve la suerte de visitar Senegal. No hice un viaje turístico ni tampoco uno solidario. Simplemente fui a ver amigos y conocer a algunos nuevos. Iba a remolque de una locomotora que ya había pasado por allí, y gracias a su fama en la zona me abrieron todas las puertas ante las que me enfrenté.

Una de las puertas que se abrieron durante el viaje, y de qué manera, fue la del padre Josep Artigas. Por casualidad, acabamos en su colegio y él nos abrió todas las puertas desde el momento de nuestra llegada. Cuando se le conoce ofrece una apariencia de dureza. Pero no de esa dureza de actor, cuidadosamente calculada. Su dureza es natural, surge de una actitud sencilla ante la vida que le obliga a comprometerse con el trabajo y que simplemente te pregunta qué vas a hacer hoy. Como si esa fuera una pregunta siempre fácil de responder. Tras esa dureza aparente no hay más que voluntad de compartir experiencias, de escuchar opiniones y consejos y una sonrisa irónica capaz de destrozar cualquier aventura intelectual que no sepa aterrizar por sí misma.

Ha trabajado mucho en todos los años que lleva en Senegal -más de 30-, a través de la Escuela Pía, y con su trabajo ha ayudado a construir eso que se llama sentido de país. Alguien que le vea bajo el cliché de la palabra misionero podría pensar que Père Jo, como le llaman allí, se dedicaría a ofrecer desarrollo a través de la palabra de dios. Sin embargo Artigas no se puede ajustar a ese cliché, simplemente porque no para quieto. Dios está en su vocabulario, lógicamente, pero sólo como alternativa espiritual de quien lo necesite. Para salir de las complicaciones económicas se vale él solo con su trabajo y esfuerzo, aunque prefiere que trabajemos todos juntos. Y ese es el mensaje que transmite.

Convirtiéndose en parte de la sociedad que le acogió, que no es otra que la del mundo rural senegalés, Josep Artigas ha ayudado al cambio social contribuyendo a la creación de alternativas para los senegaleses y senegalesas del campo. A través de una idea clara de desarrollo -la agricultura como motor económico personal y social- Josep Artigas lleva décadas trabajando para que las personas mejoren sus vidas. Ingeniero agrónomo por la ESAB, ayudó a levantar la escuela de agricultura de M'Lomp y, como él mismo dice, ya no ejerce como ingeniero agrícola o tan siquiera como agricultor. Hoy Artigas es uno de los importantes nervios que ayudan a espabilar a la sociedad cuando se duerme en la no-esperanza. Demuestra a todo el que quiera mirar que con trabajo la vida mejor es posible y ejemplifica esto no estando quieto ni un segundo.

En un mundo, el de la cooperación, donde las respuestas son siempre complicadas, donde los bien intencionados crean desastres y los intelectuales no alcanzan a comprender la fuerza de las transformaciones. Donde el dinero llega a oleadas de intereses políticos, hoy aquí, mañana allí o donde cada uno tira para su carro, Artigas es capaz de trazar una línea imaginaria que indica el camino por el que se ha de pasar y que le convierte en un genial africanista de trinchera. Para él es fácil, no hay respuestas alternativas. Sólo hay que saber qué vas a hacer hoy.

En 2008 ganó el Premi de Cooperació Internacional al Desenvolupament Humà que otorga la comarca del Vallés Oriental de donde él procede -nació en la muy cooperante Caldes de Montbui. En reconocimiento a su labor, se grabó este documental que te recomiendo.
Animo a los no catalanoparlantes a que, aunque el vídeo esté grabado en catalán, francés y castellano y no tenga opción de subtítulos, se haga un pequeño esfuerzo que se verá recompensado.

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