martes, marzo 16, 2010

Mi carta más larga, de Mariama Bã

A la espera de que podamos echar mano a esta novela senegalesa, publicamos aquí la traducción del catalán de la reseña de Eva en el blog de libros A la vora del foc. Su particular visión de esta obra y, en general, de toda África es contagiosa.

Aïssatou, He recibido tu carta. Para responderte abro esta libreta, que será el punto de apoyo de mi desconcierto: nuestra larga experiencia me ha enseñado que la confianza suaviza el dolor. Tu existencia en mi vida no tiene nada que ver con el azar. Nuestras abuelas, que vivían en poblados separados por una valla, hablaban diariamente. Nuestras madres se peleaban para cuidar de nuestros tíos y tías. Y nosotras hemos desgastado las faldas y las sandalias por el mismo camino de piedras de la escuela coránica.

Ramatoulaye es senegalesa. Vive en Dakar, con su marido, o más bien vivía, porque el día en que empieza su carta es el día de su muerte. Es más, de hecho, ya dejó de convivir con su marido cuando éste se casó con su segunda esposa, Binetou, una niña de la edad de su hija mayor. Después de 25 años de matrimonio y 12 hijos, Modou ha elegido una segunda esposa, y Ramatoulaye ha sido ninguneada. El día de la muerte de Modou, Ramatoulaye empieza a responder a Aïssatou, una respuesta a una carta de la que nada sabemos, quizás con la esperanza de que sus palabras encuentren el camino que ella no es capaz de intuir.

Aïssatou, la destinataria de la carta, también tiene historias para explicar, aunque la voz que nos las relata será siempre la de Ramatoulaye. Historias parecidas, pero no idénticas, que explican la poligamia y la situación de la mujer en Senegal. Situaciones complejas y delicadas, afrontadas de formas diferentes. Cada mujer es un mundo, en Senegal también. La tradición ordena 40 días de reclusión a las viudas, y durante la suya, Ramatoulaye va mudando su forma de verse a sí misma, la forma de ver a sus hijas, la forma de pensar en su futuro. Incluso la forma de ver su país, y de ver su vieja amistad con Douanga, representante en la Asamblea Nacional.

- ¡Llevamos casi veinte años de independencia! ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para poder ver a la primera mujer ministra [...]? I sin embargo, ya han quedado más que demostradas la militancia y la capacidad de las mujeres y su compromiso desinteresado [...] - ¿A quién dices todo esto, Ramatoulaye? Eres como el eco de mis intervenciones en la Asamblea Nacional, donde me tachan de "feminista". No soy el único que insiste en cambiar las reglas del juego e introducir aire fresco. La mujer debe dejar de ser un accesorio que adorne, un objeto que se cambie de puesto, una compañera a la que adulamos o calmamos con promesas. La mujer es la raíz primigenia y fundamental de la nación, a partir de la cual todo el resto nace y florece. Es necesario incitar a la mujer a interesarse más por el futuro de su país. Incluso tú, Ramatoulaye, que ahora protestas, has preferido un marido, hijos y una buena situación social a la cosa pública. Si en los partidos sólo militan los hombres, ¿por qué deberían pensar en las mujeres? No es sencillo hacer crecer un país [...] Hace falta dinero, un montón de dinero, que hemos de encontrar en los países extranjeros a base de ganarnos su confianza. Con una única temporada de lluvias y un único cultivo, Senegal no irá demasiado lejos, aunque no le falten ganas.
En Mi carta más larga la mayoría de personajes relevantes son mujeres, y está situada en Dakar, con lo que decir que es una novela acerca de la situación de la mujer en Senegal, o sobre la ausencia de derechos de las mujeres, de la poligamia y los matrimonios forzados es poco menos que una redundancia. Aún así, yo creo que no se trata de un libro de denuncia de una situación, ni de muestra de una realidad más o menos cruda. Creo que Mariama Bâ quería explicar una historia de valentía, de amistad, de dolor y de reconstrucción de un mundo personal desmoronado.

Y es que esta es una historia de situaciones personales y familiares concretas, de recuerdos de juventud, en una sociedad que se debate entre la modernidad y la tradición, apenas iniciando su camino independiente. Es una historia que habla de equilibrios delicados, frágiles, administrados con sabiduría por personajes casi exclusivamente femeninos. Yo he encontrado en él sentimientos que no puedo entender, pero que sin embargo se me hacen evidentes si me dejo llevar por los personajes. Sentimientos, claro, sobre la poligamia y los matrimonios forzados, y también sobre la maternidad, la confianza, la amistad, la tradición, las esperanzas y el futuro posible.

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