miércoles, enero 21, 2009

Mozambique, de Roberto M. Della Rocca

El libro de Della Rocca es un relato de los acontecimientos en el proceso que llevó a pacificar Mozambique. De dicho relato se pueden extraer varios elementos de análisis de las situaciones conflictivas y de cómo una estructura flexible puede ayudar a poner punto y final a dicho conflicto. Desde un principio ya advierte el autor que los acontecimientos que llevaron a poner fin a la lucha armada entre el FRELIMO y la RENAMO son sólo válidos para la situación de Mozambique. No se pueden extrapolar a otro conflicto ni son susceptibles de ser sintetizados en un modelo.

Aunque desde aquí se está de acuerdo en esta afirmación, así como en aquellas visiones que afirman que los modelos de resolución de conflictos estructurados fuertemente no funcionan, se disiente con el autor en distintos aspectos. Los acontecimientos de Mozambique tienen una serie de características que provoca que haya que tenerlos en cuenta en cualquier estudio de resolución de conflictos en un continente como el africano. El conflicto mozambiqueño surge del proceso de descolonización tardío emprendido por Portugal tras la Revolución de los claveles. La metrópoli europea fija un día en el calendario tras el cual la soberanía le pertenecerá al pueblo mozambiqueño. Durante los anteriores, Mozambique había sufrido una guerra de independencia elaborada por el Frente de Liberación de Mozambique, el FRELIMO. De inspiración marxista, el FRELIMO quedó como único responsable mozambiqueño tras la marcha de toda la estructura colonial portuguesa.

Frente al FRELIMO surgió la RENAMO, Resistencia Nacional Mozambiqueña. Estas fuerzas se opondrán al programa ideológico del FRELIMO y, según varios autores aunque nadie ha podido constatar vínculos, su formación estuvo promovida por la Sudáfrica racista, que sumida en un contexto de sanciones internacionales, utilizará el puerto de Maputo como punto clave para su comercio exterior. Existían pues dos agentes ideologizados y alineados con ambos bandos de la Guerra Fría, aunque si bien, Estados Unidos jamás llegó a dar un apoyo definitivo a la RENAMO en la región.

En este contexto, cuando la Guerra Fría termina, Mozambique es un país literalmente partido en dos. El FRELIMO ha visto reducido su poder a las zonas urbanas, la RENAMO se encuentra aislada en las zonas rurales y, de hecho, su cúpula se encuentra recluida en la selva. Además, existen en la zona soldados de Zimbabwe, quienes protegen el corredor por el que circulan sus mercancías hasta el mar. Con la situación militarmente bloqueada, los contactos de un tercer agente verá abonado su camino, si bien no será fácil. Las primeras dificultades con las que se encontró el proceso de pacificación fueron el no reconocimiento mutuo entre las partes. La situación estaba también en este terreno bloqueada debido a que el FRELIMO consideraba a la RENAMO como unos simples bandidos, mientras que éstos a su vez, no reconocían como legítimo el gobierno del FRELIMO.

La figura de la Iglesia, o en concreto de un obispo, será fundamental en el proceso de inicio de las conversaciones de paz. Implicando al Ministerio italiano de Asuntos Exteriores, y con la fundamental ayuda de la Comunidad de Sant´Egidio, se dará lugar a lo que Burros-Ghali dio en llamar “la fórmula italiana”. Dicha fórmula se basó en unos mediadores de carácter débil, cuyos intereses en la zona no existían, y con una idea básica en la mente: buscar aquellas cuestiones en las que ambas partes podían estar de acuerdo olvidándose de agendas fijas y programadas que impidieran una cierta agilidad.

El punto fundamental en las negociaciones fue el hecho de lograr que cada parte reconociera a la otra. La RENAMO, en efecto, no tenía programa político. Era básicamente una estructura guerrillera, con la idea de terminar con el gobierno del FRELIMO, aunque tampoco eran simplemente unos bandidos, como éste quería mostrar ante la comunidad internacional. Ambas partes atribuían a la otra una serie de matanzas catastróficas de las que ambos eran responsables. Abrir por tanto el espacio político mozambiqueño a la RENAMO no fue tarea fácil. El FRELIMO seguía empeñado en calificarlos de bandidos y, como tales, no estaban capacitados para negociar. Los mediadores, no sólo no sometieron a presiones al FRELIMO, sino que le dejaron ver que su inmovilidad podría dar con el colapso del país, sumido en una gran crisis económica debido a una guerra que tácticamente ya no se podía ganar por medios militares. Al tiempo, la RENAMO, también fue reticente a aceptar ese espacio político que la negociación de paz le ofrecía. Renunciar a las armas significaba ceder todo el poder a la voluntad constituyente del FRELIMO y, por tanto, hacerles ganar una guerra que estaba empatada. Finalmente, los mediadores hicieron ver a ambos bandos que la competición pacífica por el dominio político era la única solución. Incluso llegaron a frenar una iniciativa del FRELIMO cuando, en la constitución que estaba redactando, trató de olvidarse de los acuerdos de paz.

El último punto clave de este proceso de pacificación vino con las primeras elecciones. Llevada a cabo por observadores de la ONU, la certificación de que fueron unas elecciones limpias se cumplió, sin embargo el líder de la RENAMO y candidato a la presidencia Dhlakama, amenazó en última instancia con retirarse. Habían sido unos meses muy duros, donde la RENAMO había visto como su dificultad por desarmarse era correspondida por el FRELIMO mediante interpretaciones restrictivas de los acuerdos de paz. Sin embargo Dhlakama acepta el resultado que, por mayoría simple, da el gobierno del país a Chissano. Entre los agentes a destacar en este proceso de paz está la imagen de una figura mediadora antes mencionada, una ONG cuyos intereses en la región habían sido los proyectos de desarrollo y cuya sede en Roma terminó por convertirse en la plaza donde se firmarían los acuerdos.

El libro de Della Rocca ofrece una buena retrospectiva de los acontecimientos que condujeron a la pacificación de Mozambique, pero obvia otros aún si cabe más importantes. El papel de la RENAMO en la vida política no hubiera sido posible sin la intervención de la comunidad de donantes. En un estado dominado por líderes locales que pertenecen a uno u otro bando, la lealtad de éstos se ve recompensada con acceso a recursos. Una vez que la RENAMO termina de dominar esos recursos, se encuentra sin vías para alimentar esas redes. Es aquí cuando el dinero, donado en bastante cantidad por diversos países, formó parte esencial del proceso que impidió que Mozambique se convirtiera en Angola. Al mismo tiempo, el FRELIMO fue capaz de ver que de no ceder una cierta cuota de poder a la RENAMO ésta terminaría haciendo lo que la UNITA en Angola, y el conflicto volvería a surgir.

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