AVISO

jueves, marzo 29, 2007

Fantasmas Balcanicos (II)

La Unión Europea había demostrado su ineficacia a la hora de actuar como bloque en un conflicto militar grave dentro del continente. EEUU, como tantas otras veces, había tenido que acudir, esta vez en su forma diplomática, para poner fin a un enfrentamiento que ya hacía tiempo había sobrepasado los límites de lo permisible en tiempos de guerra. En su actuación diplomática, y como ya explicamos en la primera parte de esta serie, EEUU había tomado a Milosevic como su principal confidente. Los Acuerdos de Dayton por los que se ponía fin a la confrontación abierta y dividía Bosnia en dos repúblicas étnicas supuestamente destinadas a unificarse pero que en la práctica eran un protectorado a la Unión Europea ponía a Milosevic como autoridad moral y política en la zona. Era quien había logrado hallar la solución a un conflicto que él mismo había iniciado, hecho éste que ya nadie recordaba.

La Administración Clinton ya había olvidado la zona tras haber concluido con un supuesto éxito de su política diplomática. Habían ido a Europa a poner orden y a defender los Derechos Humanos, una palabra que comenzaba a tener mucha importancia en las Relaciones Internacionales tras el fin de la Guerra Fría. Sin embargo la política interior estadounidense hacía aguas por un asunto tan estúpido como el affair Lewinsky. Nerviosos por todo el revuelo que estaban provocando las mentiras de Bill Clinton, los miembros de su equipo idearon una campaña de bombardeo de Iraq alegando que Saddam Hussein había violado las zonas desmilitarizadas tras la 2ª Guerra del Golfo. Los bombardeos trataron de actuar como cortina de humo –véase película homónima- pero terminaron por no funcionar. Fue en ese momento donde la política represiva de Milosevic volvió a la mente de algún burócrata estadounidense.

Slobo llevaba años hostigando a la mayoría albanokosovar de la región de Kosovo. Ésta era una provincia perteneciente a la República de Serbia. Autónoma hasta que llegó Milosevic a la presidencia de la República Federal de Yugoslavia, Kosovo es además el mito fundacional de la nación serbia pues fue allí donde las tropas eslavas perdieron una batalla decisiva frente a los otomanos pero que consiguió sentar las bases de una identificación nacional. Cuando el discurso de Milosevic terminó por volverse del socialcomunismo yugoslavo hacia el nacionalismo serbio, Kosovo y su relación de fuerzas poblacionales cobraron una importancia extrema en el mismo. La demografía de ésta región a mitad de camino entre Serbia y Albania es mayoritariamente albanokosovar. Los albanokosovares son de religión musulmana y políticamente independentistas en su mayoría si bien existen grandes grupos que abogan por la inclusión de la región en el Estado Albanés tan querido por Harry. Dentro de Kosovo también vive una población serbia minoritaria que, frente a lo que podría creerse, es altamente marginada y odiada por la población serbia de fuera de Kosovo.

Milosevic estaba provocando la huida de los albanokosovares y el establecimiento de la población serbia marginada dentro de la región de Kosovo. Se trataba de poblar de serbios una zona económicamente deprimida y de echar de allí a los habitantes centenarios. Exactamente lo mismo que croatas y serbios habían realizado en las guerras de Bosnia. Y siguiendo con el modelo, Milosevic no movilizó a su ejército federal ni a fuerzas policiales serbias sino que estableció una red de financiación de fuerzas paramilitares y de extrema derecha. Liderados por Arkan, jefe de las Águilas Negras, como se hacían llamar, quemaban las casas de los albanokosovares y asesinaban a los hombres en edad militar.

Desde la población kosovar la opción política que se terminó imponiendo fue la liderada por Ibrahim Rugova. Dentro de la cultura política kosovar existe una tradición de no violencia y la creación de redes solidarias que provoca que aquél que haya sido víctima de una desgracia sea recogido por la sociedad y ayudado a volver a comenzar de nuevo. Rugova y la no violencia lideraba la política kosovar frente a los que abogaban por la creación de guerrillas que se enfrentaran a las Águilas Negras. Y fue en este contexto donde la Administración Clinton decidió volver a enarbolar la bandera de los Derechos Humanos y la diplomacia, aunque esta vez la jugada iba a ser otra.

Madeleine Albright, Secretaria de Estado de esa Administración, era la encargada de la ofensiva diplomática y quien logró arrastrar a países europeos como Francia y Alemania a la implicación con el problema kosovar. Las conversaciones de Rambouillet entre kosovares, serbios, estadounidenses rusos y europeos parecía que iban a desarrollarse en un clima de entendimiento. Serbia, que era la implicada negativamente en el conflicto a quien se le estaba obligando a cambiar su política interior, terminó mostrando su buena predisposición a cambio de que no se planteara la independencia de Kosovo. El acuerdo estaba cercano a la firma gracias también en parte a la postura Rusa de apoyo a Milosevic. Esta vez EEUU ya no protegía a su otrora aliado serbio y parecía dar cobijo a la mayoría kosovar. Sin embargo Rugova fue traicionado por Albright. EEUU necesitaba el estallido del conflicto –acuérdense de Lewinsky- tras el fracaso de la cortina de humo y llevaba meses intentando sacar adelante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que legitimase el ataque a Serbia. La Rusia de Yeltsin volvía a sentirse fuerte y propuso su veto a todos los intentos por limitar la soberanía serbia en Kosovo –entiéndase aquí soberanía como derecho a la limpieza étnica.

Yeltsin se pasó de listo y dejó a Rusia con el culo al aire. Él pensaba que EEUU nunca se atrevería a atacar sin el consentimiento de Moscú, sin embargo Washington sabía que el mundo en 1999 no era el de la Guerra Fría y que una Rusia endeudada hasta el extremo con el FMI no era la URSS ocupando Checoslovaquia. Fue por todo esto por lo que Albright presentó en última instancia un texto donde el derecho de autodeterminación de Kosovo quedaba claramente reflejado. Rugova no quería firmarlo, alegando sabiamente que aquello sería algo negativo para su pueblo pues la situación en que se pudiera plantear aún no había llegado. Sin embargo Albright le obligó poco menos que a firmarlo prometiéndole ayuda para su consecución y, como dice ella en sus propias memorias, asegurándole que cuando los serbios se negaran a firmar, EEUU les defendería militarmente y sin reparos.

Fue así como el 24 de Marzo de 1999, EEUU llamó a la OTAN al ataque de las poblaciones serbias. Los puentes de Novi Sad y Belgrado sobre el Danubio y el Sava fueron destruidos y las reservas de combustible de las ciudades ardían tras el fuego de la aviación de la OTAN.

4 comentarios:

Øttinger dijo...

En pocas ocasiones se deja de cumplir la máxima de que segundas partes nunca fueron buenas. Me alegra ver que esta es una de ellas.

el_situacionista dijo...

No se vayan todavía, aún hay más. Aunque, eso sí, no se parecerá a "En busca del tiempo perdido"

Aloia dijo...

Yo simplemente quería darte las gracias por esta fantástica "serie". Uno generalmente tiene contacto con este tipo de conflictos a través de los medios de comunicación. Uno lee el periódico (procura a pesar de la más que posible indigestión leer varios), observa los telediarios e incluso, si se dispone de algo más de tiempo, se escucha la radio. En resumen, no es tarea fácil; no tanto la de aglutinar datos como la de ordenarlos para hacerse una idea global. Luego pasa el tiempo y cuando surgen debates, discusiones de café, uno se da cuenta de que las ideas se agolpan en la cabeza sin sentido; con el paso del tiempo se pierde la perspectiva de las cosas y las resumimos sin cortapisas: "Milosevc era malo".

Así que gracias por refrescarme de manera magistral la memoria.

Enhorabuena.

el_situacionista dijo...

Aloia, gracias a tí. Espero que el resto de la serie te siga gustando.

Un abrazo.