jueves, marzo 29, 2012

4ª edición de los Premios de Ensayo Casa África



Un año más se lanza la convocatoria de Premios de Ensayo Casa África. Estos premios, poco a poco, se están convirtiendo en un pequeño referente del africanismo español, promocionando la investigación que ya se hace desde aquí sobre el continente. La oportunidad de visibilizar trabajos como el de Aloia Álvarez Feans u Óscar Mateos es impagable, sobre todo para unos estudios africanistas que quedan bastante fuera de las líneas de investigación de los grandes think tank españoles.

En esta edición, los Premios de Ensayo Casa África se dirigen hacia las y los periodistas. Como si nos hubieran escuchado cuando hablábamos esta misma semana de la relación de la prensa y África Subsahariana. Centrarán su atención todos aquellos trabajos presentados sobre Periodismo, Comunicación y Nuevas Tecnologías. O, como prefieren traducirlo en Casa África, aquellos trabajos que se centren en la comunicación sobre y desde África, ya sea desde el punto de vista tecnológico, como desde el periodismo clásico o de la comunicación desde las redes sociales.

El reto ya está planteado, y las condiciones son una extensión de entre 15.000 y 20.000 palabras en Arial 12 –que vienen siendo un poco más de 50 páginas. El premio, unos nada despreciables 4.000€ y la publicación del texto en la valiosa colección de Casa África en la editorial Los Libros de la Catarata. 

Quizás podría ser una buena oportunidad para aquellos ponentes del Congreso Ibérico de Estudios Africanos de Madrid que presentarán su ponencia en el grupo Media, Human Rights and the (De)construction of Public Opinion. O una buena oportunidad también para que alguien realice un estudio sobre blogs africanistas españoles, en cuyo caso mejor avisen para que salgamos guapos en la foto.

Qué: 4ª Edición de Premios de Ensayo Casa África.

Cuándo: del 26 de marzo al 13 de julio de 2012.


Más información: Casa África.

miércoles, marzo 28, 2012

El asfixiante verano maliense



Foto de Alfred Weidinger
Pasa muy por encima de las hojas de los periódicos. Las redacciones de telediarios ni siquiera desean oír hablar de ellos. Los politólogos o expertos en la zona, junto con las ONGD, ponen el grito en el cielo. Pero da igual. Sea como sea, hacerse con los motivos de un Golpe de Estado es complicado. Son muchas las razones y, sobretodo, son muchos –tantos- los Golpe de Estado en África Subsahariana que se puede tender a analizar la repetición y obviar los efectos graves del Golpe de ahora. Podemos, incluso, asumir entre líneas que los Golpes de Estado son inevitables en la zona.

Y es cierto que la manera en cómo se ejerce el poder en África Subsahariana tiene, como en todos los lugares del planeta, una raíz histórica. Se reproducen los momentos autoritarios porque hubo momentos autoritarios en el pasado reciente. Y decir esto no es hablar de determinismo histórico, es comprender la política como un proceso que está vivo, pero que viene de un pasado determinado.

En Malí, sin embargo, parecía que no existía este pasado de romper con la democracia. Sin embargo la semana pasada comenzó un Golpe de Estado que aún está por acabar. En enero de 2012 tropas tuareg del Movimiento Nacional de Liberación Alzawad (MNLA) comenzaron una ofensiva al norte del país. La oportunidad de dicho despliegue la propició la llegada de arsenales y combatientes procedente de la Libia de Gadafi. El difunto líder libio se servía de combatientes nómadas frente a los rebeldes apoyados por la OTAN –bajo bandera de Naciones Unidas. Una vez finalizada la defensa de Gadafi, los líderes del MNLA pusieron sus ojos en la posibilidad de oponerse al ejército de Malí. Junto a ellos, otros actores que ya estaban en armas por la zona. Al-Qaeda del Magreb Islámico, la organización famosa por el secuestro de blancos –esos intocables- en la región, a los que se les añadió otra facción controlada sorprendentemente por el hombre fuerte del gobierno de Bamako en la negociación de los rescates, que se ha hecho con el control de una parte del ejército.

Frente a ellos, Amadou Toumani Touré, presidente maliense con fama de amable y bonachón. Su posición fue firme, a la vez que responsable. Ningún maliense tomará las armas contra otro maliense. Mientras que el ejército le exigía armas para combatir la rebelión tuareg, Toumani recurría a las organizaciones internacionales, la CEDEAO y la UA, para intentar negociar con los rebeldes. También intentó recurrir a la potencia colonial, Francia, que ve cómo se le caen diversos naipes africanos justo en mitad del proceso electoral. Pero las negociaciones no terminan de fructificar y mientras la rebelión tuareg, armada hasta los dientes, asedia y masacra a las tropas del mal armado ejército de Malí.

En este panorama una manifestación de soldados rasos por las calles de Bamako termina ocupando la televisión pública, derivando pocas horas después en el actual Golpe de Estado. Un Golpe sin organización, realizado por soldados sin formación que una vez que están en la silla presidencial no están teniendo la capacidad de organizar la resistencia a la rebelión. A pesar de las llamadas a altos oficiales del ejército por parte de los golpistas para que se les unan, lo cierto es que está habiendo una negativa entre gran parte de éstos. Como consecuencia el país se encuentra sin Administración central, con una rebelión de varias fuerzas en el norte del país y un enemigo más mortífero que está asomando, pero que está por venir.

Desde hace un par de meses se viene advirtiendo de que el Sahel sufrirá una hambruna durante este año similar a la del año pasado de Somalia. Las alarmas venían acompañadas de un llamamiento a la acción rápida de los países donantes y una coordinación con el gobierno de Bamako. Ahora que Malí está pendiente de los acontecimientos del Golpe militar, el país se puede encontrar con la falta de ayuda internacional para luchar contra la hambruna que viene.

La responsabilidad de los propios malienses sobre el Golpe de Estado, en especial en la figura de un presidente en parte confundido entre la ética de las responsabilidades –procurar armas suficientes para no masacrar a los soldados rasos mientras se intenta negociar- y la ética de las convicciones –evitar una Guerra Civil- no debe ocultarnos las responsabilidades de unos líderes europeos que ni siquiera han mencionado el Golpe de Estado. Ya correrán a hacerse la foto cuando haya que ofrecer ayuda alimentaria de emergencia. Europa y EEUU intervinieron en Libia para garantizar la defensa de sus intereses y bajo el paraguas humanitario del Consejo de Seguridad. La regionalización del conflicto de Libia se ha producido y las tropas de la OTAN que intervinieron sobrevolando Libia y permitiendo el flujo de armas hacia los rebeldes son directamente responsables de que hoy en Malí se viva el verano más asfixiante tras la primavera más caliente.

lunes, marzo 26, 2012

Malas noticias de África, de Antoni Castel



La prensa. La maldita prensa. Todo el mundo tiene una prensa de referencia, sobre la cual es complicado poder ejercer la crítica. Es la nuestra, la de ningún otro. Son las prensas de los demás las que mienten. Las fuentes de información propias, aquellas en las que se basan nuestros argumentos, no son cuestionables. No se nos vaya a derrumbar el castillo de naipes.

Pero la prensa no está alejada del contexto. De hecho, por definición de la profesión, la prensa es el contexto. Contribuye a dar forma de la realidad y nos permite dirigir nuestra atención hacia una realidad u otra.

Y el periodista. El periodista es ese profesional que continuamente está salvando la democracia a favor del grupo empresarial para el que trabaja. Jamás se encontrará a un periodista que no se diga a sí mismo neutral, objetivo, imparcial. Todos, paradójica y casualmente, admiran a Kapuscinski y sus reportajes comprometidos. Todos se llenan la boca citando artículos de Vázquez Montalbán. Todos, casualmente, buscan sus referentes en compañeros de profesión que eligieron un bando, que fueron subjetivos y completamente parciales, pero ellos piensan su trabajo como agentes asépticos que cuentan genuinamente la verdad. 

Las palabras moldean nuestra realidad y terminan por establecer fronteras entre nosotros mismos. El libro de Antoni Castel Malas noticias de África lo demuestra bien claro. El cuerpo central de esta obra versa sobre un estudio, mediante la técnica del Análisis Crítico del Discurso, de los principales diarios españoles –El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia- durante la década de los 90. El foco de atención lo dirige hacia las noticias de estos diarios sobre tres conflictos que tuvieron una fuerte repercusión mediática: Somalia, Ruanda y República Democrática del Congo.

El periodo estudiado de Somalia son aquellos días tras la caída de Barre que produjeron la intervención liderada por Bush padre y retirada por Bill Clinton tras el suceso del derribo del helicóptero estadounidense. El estudio de Castel se centra, al respecto de Ruanda, en los días de la ejecución del genocidio y los tempo posteriores. Por último, en lo que hace referencia a República Democrática del Congo, Castel se centra en la caída de Mobutu, la desaparición de Zaire y el surgimiento de una siguiente guerra contra su sustituto, Kabila padre.

Todos estos momentos periodísticos e históricos tienen en común el haber causado profundas crisis internacionales. La implicación de agentes del exterior, en forma de misión militar de Naciones Unidas o intervención directa de países ex – metrópolis, hizo que la agenda mediática internacional se girara hacia dichos conflictos, omitiendo otros que, como Sudán o Angola, también tendrían que haber compartido protagonismo.

En todos esos conflictos la posición de la prensa española contribuyó, según el estudio de Castel, a la corriente de pensamiento único respecto a África y respecto a los procesos de reconstrucción posbélica. El análisis de Castel nos muestra cómo la prensa, muchas veces por error o incapacidad, pero otras deliberadamente, asimila los lugares comunes llenos de prejuicios contra África y los africanos y africanas y aniquila cualquier atisbo de solidaridad entre sociedades. Ninguno de los diarios de esta época estudiados por Castel otorga voz a las sociedades civiles africanas. Al contrario, su foco central de atención consiste en aquellos mensajes oficiales o extraoficiales que las partes del conflicto –las locales o las internacionales- difunden. Su incapacidad crítica frente a lo que están viendo, así como su incapacidad para la autocrítica, les anima a exaltar las contadas muertes o angustias de blancos, identificándoles con nombre, apellidos e historia vital, y a minimizar, como algo inevitable, los asesinatos masivos de africanos y africanas. Una frase, la cual se atribuye a Stalin, dice que una muerte es una tragedia, pero que un millón de muertes no es más que una estadística. El estudio de Castel demuestra cómo la prensa española de la época toma al pie de la letra esta consigna. Y cualquier persona que sigua la actualidad informativa podrá ver que aún continúa siendo así.

Observar cómo en el mundo de la información actual, cuando los periodistas tienen tantos recursos a su alcance para formarse y tener capacidad crítica ante los hechos que están narrando, aún predominan las noticias y los artículos que muy bien se hubieran podido firmar a finales del XIX indica hasta qué punto ha crecido nuestro conocimiento, como sociedad, de África Subsahariana. Libros o estudios como el de Castel hacen aún más necesarios cursos y guías de formación para corresponsales en el extranjero y enviados especiales. Hacen aún más necesario que los periodistas enviados a conflictos lleven bajo un brazo una bibliografía básica que les permita entender qué está sucediendo allá a donde van, y bajo el otro, un sentido crítico para consigo y con su profesión para el cual no existe ninguna titulación académica oficial, tan sólo la voluntad de sentirse comprometido y la voluntad de transformar la sociedad a través del ejercicio de su profesión. Algo común a todos los puestos de trabajo.

lunes, marzo 19, 2012

Sunyata o la epopeya mandinga, de Djibril Tamsir Niane


La originalidad de la historia europea consiste en que tiene todo absolutamente documentado. Tal cantidad de acontecimientos y tal cantidad de documentación que los refuerzan generan un debate ajeno y desviado de lo fundamental que se centra en el cuestionamiento de las fuentes. Lo mismo ocurre en la esfera global, que en realidad es la esfera europea extendida. La historia pasa así a ser una cosa sobre la cual discutir, y no una doctrina que permita extraer y analizar acontecimientos humanos.

En esta lucha cosificada y documentada, la historia de los pueblos de África lleva las de perder. Por indocumentada, la historia de África Subsahariana es reducida al nivel de leyenda y, por tanto, se le otorga un valor puramente simbólico en las realidades. Y a raíz de su documentación, es decir a raíz de la llegada del historiógrafo europeo, los libros se llenan de relatos de victoria, difusión de la civilización y, por fin, protagonismo del hombre negro de su propio presente. La historia de África comienza, por tanto, con la llegada del escriba europeo. Es a partir de ese momento en el que el académico se atreve a discutir tal o cual acontecimiento, a interpretar el presente respecto de sus raíces históricas. Antes de ese momento, es labor del antropólogo –una ciencia social considerada menor. 

Contra todo esto muchos historiadores africanos se rebelaron a mitad del siglo pasado. En esta nueva hornada de estudiosos africanos, formados en unas universidades occidentales que miraban levantando una ceja a la historia oral del África Subsahariana, se encontraba Djibril Tamsir Niane. Su proyecto consistió en escribir la historia del país Malinké a través de los relatos orales de un griot. Los griots eran relatores oficiales de la historia de un reino. Gracias a ellos, actuando como consejeros, los reyes podían conocer las tradiciones de su reino, la historia de las batallas que lo hicieron crecer o menguar y las leyes sobre las que reposaba su legitimidad y su poder. Eran ellos quienes creaban relatos de los cambios acometidos por su rey y quienes traspasaban su saber a los nuevos griots. Los griots, guardianes de la palabra y ninguneados por la historiografía, reproducen las historias tal y como les fueron narradas con la obligación de resultar interesantes para aquél que la está escuchando. Pero también con la obligación de callar todo aquello que no puede ser oído por gente profana.

Es así como Niane nos transmite la historia de Sogolon Yata, el más grande emperador del país del Manding, ubicado en lo que hoy sería Malí. Niane nos transcribe el relato de un griot del pueblo de Yeliba Koro. El antropólogo Jordi Tomàs, en el prólogo del libro editado por Casa África, afirma que de haber estado situado este reino en tierras americanas, Hollywood hubiera llenado metros de metraje con sus historias. Pero en lugar de allí el Manding se extendió por África Occidental, con referentes de grandes emperadores extranjeros, como Alejandro Magno. 

La historia de Sogolon Yata, o Sunyata, es la de aquel emperador de dos nombres que pacificó el Manding y propició un reino de riqueza a su paso. Es la historia de enfrentamientos entre diversos reyes y la unificación de varios en torno a la figura de un desheredado y exiliado príncipe que decide recuperar su reino. 

El relato está plagado de pequeños detalles novelescos que enganchan al lector. La historia no volverá a ser aburrida. Como esos pequeños en la escuela que cantan la tabla de multiplicar, que se piensan que están cantando cuando en realidad están aprendiendo, el libro de Niani permite sumergirse en la realidad de ese tiempo y adquirir conciencia de que mientras en Europa estábamos descubriendo el mundo, el mundo giraba por su cuenta sin necesidad del engranaje blanco. 

El libro se puede leer como una novela y lleva al lector hacia aquellos días en los que la historia era aquello que podía contar un abuelo o un padre a sus hijos. Una Historia, con mayúsculas, emocional y vertiginosa, y en absoluto imparcial.

Es curioso comparar este libro con otro de Kapuscinsky, El emperador. Ambos se dedican a transcribir la historia narrada sin apenas intervención del escritor, que se sitúa fuera de plano. Sin embargo, mientras que el libro de Kapuscinsky, y toda su obra, se exalta como ejemplo de la narración social, del reporterismo comprometido y rebelde, libros de historia africana como el de Niani no pasan de pequeños círculos de difusión y son ninguneados por el ámbito académico al que pertenecen. Es este, por tanto, un buen libro para recuperar.

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Djibril Tamsir Niani, historiador del África Negra nacido en Conakry, participó en la monumental obra Historia General de África editada por la UNESCO. Es el autor de Sunyata, o la epopeya mandinga editada por Edicions Bellaterra y Casa África

viernes, marzo 16, 2012

Debatiendo con Adams Bodomo sobre la IED en África

Foto: Warrensky
Existen muchos motivos por los que alguien se abre un blog. Hay quien abre un blog para promocionarse a sí mismo. Hay quien lo abre para desahogarse de la realidad. Otros lo abren pensando en alguna persona determinada. Y hay quienes lo abren simplemente para compartir y discutir. Es esta última la voluntad que siempre ha tenido este blog sobre relaciones internacionales y África Subsahariana. No siempre son suficientes 140 caracteres. 

Pero cuando uno escribe una reseña sobre un libro –en especial cuando escribe una reseña bastante crítica-  tampoco espera que el autor vaya a buscarle, llamar a su puerta y discutirle su crítica. Más aún si el autor vive en la otra parte del mundo, pongamos en Hong Kong por ejemplo. Pero a veces pasa, y en esta ocasión el Sr. Adams Bodomo, autor del libro “La globalización de las inversiones en África”, de la colección de Casa África, no sólo quiso contestarme los argumentos con los que criticaba su obra, sino que además tuvo la gentileza de permitirme hacer dicha conversación pública. Es por eso que en la entrada de hoy, rompiendo cualquier vano intento de mis herederos por publicar mi correspondencia inédita, se publican la réplica de Adams Bodomo a mi reseña (que puedes leer “aquí”), mi contrarréplica y su última contestación. Les invito a participar en el debate.

Y para que sea más legible, lo he colgado todo en un PDF que se pueden descargar en el siguiente enlace: